Primera imagen del descubrimiento del Titanic. A pesar de que la proa del barco surgiendo de la oscuridad del océano iluminada por los focos de un sumergible de exploración se ha convertido en una imagen icónica de los restos, lo primero que se descubrió del Titanic fue una caldera.
Poco después de la una de la madrugada del 1 de septiembre de 1985, y a falta de 5 días para finalizar la expedición, las videocámaras del vehículo teledirigido Argo empezaron a mostrar fragmentos de restos hechos por el ser humano. A las 1.05 horas, una caldera que sólo pudo haber pertenecido al Titanic llenó la pantalla. Habían pasado 73 años desde su hundimiento.
En 1986, Ballard regresó para explorar los restos del naufragio con el sumergible Alvin y el robot submarino Jason Junior. Todos los documentales basados en esta expedición, en las sucesivas e incluso en la película de James Cameron usaron la descripción dada por él de su encuentro con el barco en el epílogo de la primera edición de El descubrimiento del Titanic:
Siempre conservaré la segunda visión que tuve del Titanic: una inmensa forma negra que surge de la oscuridad, el borde afilado de una proa surcando el lodo del fondo, como una ola gigantesca que avanzara hacia mí.
Robert Ballard relata el descubrimiento del Titanic en 1985 y la expedición de 1986 en El descubrimiento del Titanic (Plaza & Janés, 1987), aunque él mismo reconoció mucho después que había otros fines ocultos.
Veinticinco años después de su descubrimiento, otra expedición liderada por RMS Titanic, Inc., la Institución Oceanográfica de Woods Hole y el Instituto Waitt está cartografiando los restos para obtener una imagen tridimensional de lugar del naufragio y estudiar los efectos de la corrosión en las secciones de la proa y la popa.

Vigésimo quinto aniversario del descubrimiento del Titanic.